Anoche, mientras yo me daba una de mis rutinarias siestas nocturnas al fresquito del patio, un gato extraño y enorme se me avalanzó, y me dio una buena zurra. Fue un momento horrible, y menos mal que mi humano salió al menor ruido y lo espantó, que sino, ahora mismo estaría escribiendo esto desde el otro lado… Me dio uno de los cates en mi ojito, que me estuvo molestando un rato, pero nada grave, por suerte salí ileso.
Claro que la cosa no ha quedado ahí, mi humano me cogió, me metió en casa, me examinó y cuando yo ya creí que estaba a salvo… ¡zum! De repente me vi dentro de un lavabo blaaaanco, y a mi humano y a la madre de mi humano encima mio, dandome con agua y toallitas, y es que, tengo que reconocerlo, pero me cagué (literalmente) de susto, y me había puesto un poco guarro, ¡pero yo se asearme solo, joer!
Luego tuve premio, y me mezclaron un poco de caballa con el pienso, eso si que me gustó un montón, y aún con un poco de congoja por culpa del gato abusón, dormí placidamente. Aunque aquí no termina la cosa.
A la mañana siguiente, tras esforzarme por despertar a mi humano, nos bajamos todos a desayunar al salon, estuve jugando con ellos, y de repente, veo que todos se mueven, se ponen ropa de calle. Yo ya pensaba que iba a tener la casa sola para mi, pero de repente me veo dentro del transportín. Y eso solo significa una cosa, veterinario.
No es nada agradable que te saquen de tu hogar para ir a ver a un señor o señora (depende del día), que te manosea, te aprieta la barriba, te pincha o te saca sangre. Y hoy, amigos mio, tocaba pinchar. Era algo que había oído decir a mi humano durante mucho tiempo, y hoy por fin se ha cumplido su amenaza. ¡Mi primera vacuna! Y no contento con ello, ya me han hecho cita para el día 8, que me tienen que poner otra, como si mi calvario no fuera suficiente con una sola…
En fin, ahora tengo sueñecito, y estas últimas palabras se las estoy dictando a mi humano mientras yo me quedo dormido. Nos vemos…
¡Miauuuu!